Texturas de la memoria, vínculos y masculinidad
Las veces que no (te) dije te quiero, escrita por Mario Zanatta y dirigida por Renato Piaggio me ha parecido ser un álbum familiar. La fotografía ha sido cuidadosamente intencionada para auscultar en el candor y la gravedad de los lazos afectivos de estos tres hombres. Son cortes psicológicos a modo de imágenes que se van decantando como un ensueño. Responde muy bien a los ritmos narrativos de la consciencia humana, a modo de flashes, fragmentos, relieves, texturas de la memoria donde todas ellas tejen un sentido de la trama vincular que nos lleva a comprender la magnitud del lazo familiar. Me pregunto si la memoria familiar es acaso un álbum, uno que repasamos dicen cuando toca partir. ¿Con qué nos quedamos si no es con imágenes?
La pieza por sí misma dimensiona y elabora formas propias de los vínculos masculinos, los medios hablar, la brevedad, los gestos cortos o la tosquedad afectiva, la racionalización de los sentimientos y las creencias protectoras. El abuelo está convencido de que mostrar rudeza, serenidad y fuerza ante la desgracia es la mejor forma de salir adelante, pero inmediatamente vemos sus gestos revelando su vulnerabilidad y lo roto que está. El hijo simplifica, abrevia, reprime y cae en un pragmatismo nihilista que se rinde a su despropósito vocacional y las tendencias castrantes de su padre, su cuerpo comunica la derrota afectiva, el plexo solar lo tiene hundido y su futuro se oscurece. El nieto por su parte, se impone, enjuicia, condena, se conduele y explota, su cuerpo más rígido, más enervado e irritado se desespera por la depresión de su padre, se angustia y busca replantear su derrotismo desde la exigencia. Estas formas de la masculinidad afectiva comunican la realidad desde la cual algunos hombres tienden a experimentar y expresar su vida emocional y vincular, que tiene realidad, pero no lo suficientemente manifiesta ni abierta a su propia vulnerabilidad, censurada, y que, por eso mismo, se hace síntoma. Al nieto le sudan las manos y tose, replica una elaboración depresiva al igual que el padre. En ambos casos, la palabra negada o diferida se hace cuerpo, en los dos el cuerpo escenifica el síntoma, la herida.
La dirección y la pericia del elenco ha sabido operar en la corporalidad desde un trabajo de ruptura temporal propio de narrativas no lineales, tal cual es la psique humana, va del pasado al futuro y de vuelta al pasado y las fantasías del presente y así a un ritmo que transita todas las rutas simultáneamente. Sin duda, algo que ha aportado a ello es la iluminación, que ha permitido alumbrar la subjetividad si es que no el inconsciente personal. Ha legitimado la realidad de las palabras atoradas, las pulsiones, los pensamientos en ciernes, las fantasías, los impulsos de muerte, que pertenecen todos a un nivel de realidad menos visible o invisible.
En este caso la sutileza se ha hecho elocuente gracias a estos recursos, ello da pie a pensar en un paralelismo devínculo expreso y vínculo latente, es decir, el modo en que nos manifestamos -vínculo manifiesto- y las efusiones de sentimientos que esperan latentes sin llegar a hacerse manifiestas -vínculo potencial o latente-. No son dos modalidades de vínculo que se rehúyen una a la otra, sino dos niveles distintos de una misma trama psicológica, que de momentos hace ebullición y reclama su realidad, pero que en otras situaciones espera impotente como una olla a presión.
Si bien la obra ha usado la iluminación como uno de sus recursos principales para hacer una anamnesis de la dinámica familiar, podría explorarse aún másespecíficamente en los momentos en los que se grafican los paralelismos de la vida interna. Por ejemplo, cuando se usaron los tonos rojos para representar las pulsiones, las fuerzas de agresividad, la visceralidad instintiva o sencillamente ese lado humano destructivo, se ha podido matizar más, para que no tenga solamente un tono dicotómico de agresión-consciente o rojo-blanco, o vínculo manifiesto-vínculo latente. ¿Habría la posibilidad de pensar en otros tonos? Porque si bien la depresión, que es uno de los elementos centrales en la historia, está relacionada a la agresividad contenida, impotente, castrada, que rápidamente el imaginario colectivo asocia al rojo, no se agota en ese tono, no porque se sepa qué otros tonos se podrían relacionar, sino porque la depresión no se agota en la agresividad reprimida. Sería interesante explorar la culpa familiar como se hizo con el miedo en los recuerdos de la infancia del nieto, desde otros recursos.
La pieza tiene un alto contenido gráfico, las gradaciones de luz logran una elocuencia visual que completa la tesis narrativa, la historia se sostiene en estos recursos, los diálogos hacen tildes y acentos, los cuerpos de los actoreselongan su alcance y la capacidad discursiva, y nos permite entrar en paralelismos psíquicos que legitiman con pericia las realidades de la vida interior e inconsciente en estas tres generaciones de hombres.
Por Giuliano Milla - CTSM
Ficha técnica
Escrita por Mario Zanatta
Dirigida por Renato Piaggio
Elenco: Carlos Victoria, David Carrillo, Sergio Armasgo
Equipo de producción: Piero Lévano, Mauricio Liman y Fernando Moncada
Una producción de KAPCHIY
La corta temporada de «Las veces que no (te) dije te quiero”, va del LUNES 2 al MIÉRCOLES 25 DE FEBRERO, a las 8:00pm, en el Teatro de Lucia (calle Bellavista 512, Miraflores).

Comentarios
Publicar un comentario