Entre la cura del tiempo y su locura
(Crítica de El tiempo todo locura , dirigida por Renato Piaggio) Podríamos decir que una de las funciones del arte consiste en realizar deseos que no pueden llevarse a cabo en la realidad cotidiana. Y no necesariamente aquellos deseos socialmente censurables —como sucede en el cine de Tarantino, donde la violencia encuentra un permiso estético—, sino, sobre todo, aquellos que son estructuralmente imposibles, como viajar en el tiempo o evitar la muerte. El teatro, en ese sentido, nos permite ejercer ese deseo imposible. El tiempo todo locura juega precisamente con la realización de ese anhelo: el viaje en el tiempo. Desde el propio título, un juego de palabras o de significantes, se abren dos líneas de lectura: por un lado, el tiempo que todo lo cura; por otro, el viaje en el tiempo que es toda una locura. Los personajes viajan hacia el pasado con un objetivo concreto: evitar la muerte de su ser amado. Sin embargo, cada intento desemboca en nuevas formas de tragedia, sea la muerte efec...

