En el umbral de la ficción: dispositivos rapsódicos
Crítica de Reality Shock, dirigida por Joamoc More El teatro puede pensarse como representación de la realidad, como una maquinaria que instaura un orden propio regido por sus propias reglas o, acaso, como la intersección entre ficción y realidad. A estas alturas, intentar delimitar el hacer teatral resulta inocuo, ya que sus posibilidades transitan por distintos órdenes: el ficcional, el metafórico o un movimiento articulatorio entre lo real y lo ficticio. Reality Shock (2025) es una propuesta escénica que, precisamente, se desplaza entre dos órdenes y los articula en un campo liminal. En un primer nivel, se observa un movimiento constante entre actor y personaje. Este pasaje se produce de manera indiscriminada, casi aleatoria. Así, por ejemplo, al personaje se le nombra de pronto Caffo, apellido de uno de los actores; o, tras un beso de pico entre intérpretes, uno de ellos se sustrae del personaje y deja traslucir al actor, quien guarda silencio y establece un juego ...