Loco por Sharon: una oda a la espacialidad performática

Por Rodrigo Bravo Ruiz

Bajo la dirección de Herbert Corimanya y con la complicidad del proyecto colectivo “Noche de Creadoras”, nos situamos frente a Loco por Sharon, una obra que busca mantener viva la lucha contra el abuso de poder y la opresión masculina en relación con la vulnerabilidad de quienes se hallan en desventaja y la hipersexualización de la figura femenina. A este respecto y, pese a la relevancia del tópico, debo decir que encontré el discurso bastante alineado con lo que se espera escuchar en términos normativos, por lo que no fue precisamente aquel elemento lo que llamó mi atención; encuentro algunos otros asuntos más ricos en términos de análisis crítico y en estas breves líneas trataré de centrarme en ellos.


Encuentro muy interesante la propuesta de explorar un espacio tan ajeno a la geografía convencional de las salas tradicionales; el llamado teatro de proximidad permite, hasta cierto punto, formar parte de una experiencia más inmersiva y por tanto más comprometida emocionalmente con determinados ejes de acciones. Esto me lleva a pensar, en principio, en la responsabilidad del director de escena de administrar con rigor las dosis de realismo e intensidad, sobre todo en escenas de índole sexual.

Sharon -en clara alusión al mítico personaje inmortalizado por Sharon Stone- es una joven actriz que acude a una audición privada en la que interactúa con el director de una supuesta producción cinematográfica que existía, hasta ese momento, sólo en la mente de su creador, situación la cual constituiría el escenario general de la obra.

Nos encontramos hasta cierto punto en un lugar común: la figura femenina puesta bajo el yugo de un opresor masculino, cuya posición de poder lo coloca en permanente ventaja frente a su contraparte. El tiránico director, representado por Claudio Calmet, ejecuta una progresiva y sistemática estrategia destinada a vulnerar el cuerpo y la voluntad de su presa, una talentosa y sensual actriz, interpretada por Lía Camilo.

Planteados los términos de la trama, y expuesto también cierto desgaste estructural sobre la temática, encuentro que su principal riqueza consiste en la explotación del espacio y la horizontalidad establecida con la audiencia, cuya atención es trasladada desde la posición de espectadores pasivos, a la de testigos oculares de una serie de sucesos altamente punibles.

Este último punto es vital al respecto de la pregunta sobre los límites de una propuesta que se presenta como una denuncia pública: ¿cuál es la frontera entre la denuncia y la reproducción de aquello que se pretende combatir? Sin invalidar la potencia del mensaje, cabe preguntarse si el uso intensivo de ciertas imágenes no incurre, involuntariamente, en la promoción de lo que se denuncia.

No se trata de censurar la sensualidad, sino de reflexionar críticamente sobre la distancia entre un planteamiento visual riguroso y la sobreexposición innecesaria. Mostrar con claridad que el abuso de poder y la cosificación son repudiables no debería implicar convertirlos en un recurso de consumo.

Volviendo al asunto del espacio, lo que sin duda considero el punto fuerte de la propuesta, la experiencia me trae a la memoria a Heidegger y su heterodoxa comprensión de lugar, no como mera extensión de terreno, o como contenedor de cosas, sino como aquello que surge cuando es habitado; el espacio es comprendido como algo que cobra vida al conjugarse las personas, sus proyectos y significaciones.

Una casa no es hogar si no se constituyen los miembros, sus afectos y enseres; no hay cocina, estancia o alcoba por el mero plan arquitectónico, los hay porque el proyecto humano convocó el sentido de hogar plasmando su espíritu en cada metro cuadrado.

Así mismo, la obra, al activar su performática, logra transformar una pequeña habitación en una dimensión mítica en la que actores y auditorio conspiran a favor suyo, logrando no solo consolidar el producto, sino proyectarlo hacia una suerte de categoría ritual, lo que confiere al espectador la sensación de haber participado activamente en algo.

Como sucede habitualmente con toda producción independiente, es inevitable percibir ciertos vacíos propios de las limitaciones técnicas, presupuestales, infraestructurales, etc. Sin embargo, a su favor, Loco por Sharon deja la sensación de haber formado parte de su propio dispositivo escénico: una obra que supo aprovechar con inteligencia las posibilidades inmersivas del espacio.


Ficha técnica:

Obra: Loco por Sharon

Dramaturgia: Herbert Corimanya

Dirección: Herbert Corimanya

Elenco: Lía Camilo y Claudio Calmet.

Funciones: Todos los miércoles de marzo, 2026

Horario: 8:00 p.m.

Lugar: Casa Bulbo (Av. Francisco Bolognesi 660, Barranco)



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