Narraciones reincidentes

Acerca de Crimen Impune / Escrita y dirigida por Jorge Bardales


Escribe: Eduardo Jara

Crimen Impune narra la historia de la desaparición de Almudena de la Piedra, una joven víctima de la trata de personas. Su madre, Patricia Rocha, contrata al psicólogo Alberto Sánchez para que pueda ayudar a su hija con su adquirida agorafobia, producto del trauma. La historia se desarrolla principalmente entre el hogar de la familia Rocha y la comisaría en la cual Alberto es detenido, tras ser acusado de una nueva desaparición de Almudena. Las escenas transcurren, fragmentadas, revelan progresivamente la conexión entre la familia y un capo de la minería ilegal, Gerardo Aguilar. Los fragmentos finales de la obra revelan que fue la madre de Almudena quien la vendió a Gerardo a cambio de oro. Mientras su hija padece los abusos del mafioso en algún lugar de la selva, Patricia utiliza una representación virtual, producto de la inteligencia artificial, para sostener el recuerdo de la hija que vendió.  

El espacio, como la trama, es fragmentado y contiene locaciones específicas donde, generalmente, dos personajes se encuentran. A lo largo del tercer plano transcurren las sesiones terapéuticas virtuales entre Almudena y Alberto. La oficina del oficial Garay en la comisaría se sitúa en el primer plano derecho. Ahí transcurren las escenas de Alberto tras su detención. El primer plano izquierdo lo ocupa la selva, lugar en el que Gerardo se regodea con su poder sobre el sistema y abusa de Almudena. Finalmente, entre el primer y segundo plano se extiende la sala de la familia Rocha en la cual Patricia solicita las sesiones psicológicas a Alberto y, eventualmente, es confrontada por el terapeuta tras la revelación del verdadero estado de Almudena.

Durante el desenlace, Crimen Impune nos revela que el arresto de Alberto, la inacción de la policía de buscar al verdadero culpable y la falsa acusación de Patricia son producto del mafioso Gerardo Aguilar. El oficial Garay revela no querer investigar a Gerardo por temor a represalias e insta a Alberto a aceptar la condena que le aguarda. Los personajes son, de cierta forma, controlados por lazos de poder que se extienden desde el remoto Amazonas. Este poder se toma como inexorable. La mafia en el sistema produce un modelo determinista en el cual se da por supuesto que las autoridades se tuercen, justos pagan por pecadores y los teatristas hacemos obras que no afectan en nada el devenir de nuestro país. “Porque así es este país”, sentencia Garay.


La mayoría de quienes legislan, en efecto, están a favor del continuismo destructivo. Los votantes elegimos cada cinco años (generalmente) a los mismos políticos que luego aborrecemos, con absoluta legitimidad, y nos prometemos elegir mejor la siguiente vez. Dado nuestros antecedentes no hay mucho de qué disentir con el doblegado oficial Garay. ¿Qué hay entonces de las obras de teatro inofensivas? ¿Para ellas aplica también el diagnóstico pesimista? Lamentablemente, en el caso de Crimen Impune, sí. 

Así como los votantes encontramos en la cédula de sufragio decenas de partidos que garantizan el continuismo inerte, Crimen Impune, sigue la desgastada fórmula de la obra que busca sostenerse en su temática antes que en su composición. Visto a posteriori es consecuente que el contenido publicitario de la obra busque resaltar la relevancia de la minería ilegal en nuestro contexto. Tanto Jorge Bardales como Daniela Stornaiuolo hablan sobre la importancia de contar historias con temáticas vigentes, dar voz a las mujeres víctimas de violencia y hacer visible el trasfondo social y político de la obra. Evidentemente, esta crítica no busca negar el cáncer social que resulta el negocio de la explotación ilícita de minerales, sino cuestionar la idea de que el teatro se utilice para reiterar mensajes que el público general ya conoce. 

En el capítulo seis de El Teatro y su Doble de Antonin Artaud titulado No más obras maestras, escribe:

“(...) reconozcamos que si algo se dijo antes no hay por qué decirlo otra vez; que una misma expresión no vale dos veces; que las palabras mueren una vez pronunciadas, y actúan sólo cuando se las dice, que una forma ya utilizada no sirve más y es necesario reemplazarla, y que el teatro es el único lugar del mundo donde un gesto no puede repetirse del mismo modo.”.

¿Es necesario volver a contarle al público que nuestras autoridades están sometidas o, en muchos casos, aunadas a intereses mafiosos? ¿En qué nos diferencia eso de los noticieros matutinos o la prensa digital? Durante sus dos monólogos, el personaje de Gerardo Aguilar hace un recuento de las riquezas materiales del país y describe a detalle las maldades que se propone hacer. El oficial Garay le revela a Alberto la estructura de poder interna que lo condenará a ser encarcelado por un crimen que no cometió. La pregunta central es, ¿qué sucede luego de informar al público? Tal y como sentencia Garay, nada. Y es que el fuego que requerimos los votantes y el público para empezar a cauterizar las heridas de nuestro país no se enciende mediante la reiteración. 

En el portal digital de comunicaciones del congreso se señala que, en noviembre del 2025, la comisión de Energía y Minas aprobó la extensión del Reinfo hasta el 31 de diciembre del 2027. La minería ilegal encuentra en el mismo sistema un terreno fértil para perpetuarse. ¿De qué nos sirvió saber, visibilizar o reiterar? Se siente como una batalla perdida justamente porque repetimos la incansable fórmula de “dar voz” y repetir discursos esperando por fin llegar al espectador. ¿Qué responsabilidad tenemos quienes hacemos teatro con nuestro público? Quizás, como sugiere Artaud, nuestra responsabilidad sea alejarnos de repetir aquello que ya fue dicho. Repensar nuestra relación con el público. Darle al público un nuevo rol más allá del de un espectador pasivo. Formular propuestas que busquen involucrar al público y lo interpelen más allá de las palabras y los gestos repetidos. Nuestra responsabilidad como artistas yace en buscar romper con las formas de representación literal desgastadas y hacer teatro que mueva al público primero y luego, por medio de su propio mérito artístico, proponga una forma de ver el mundo. 

Hace algunos años, han surgido propuestas que interpelan e incomodan al público. Entre ellas se encuentran Buen Gobierno del colectivo de artes vivas de la Casa de la Literatura Peruana (2023). Durante la obra, el público asume el rol de Guaman Poma de Ayala y elabora un texto en el que exige mejores condiciones de vida a las autoridades. Senado (2026) en su temporada más reciente en el Teatro La Plaza transforma la sala del teatro miraflorino en una sesión del pleno del congreso en la cual el público se enfrenta a su propia ignorancia cívica y clasismo. El valor de estas propuestas radica en que buscan incitar al pensamiento en lugar de decirle al público cómo pensar. 



Es menester señalar que el mensaje en sí es bastante válido: resulta útil hacer hincapié en que el sistema dejó de funcionar. En especial para quienes siguen pensando en nuestro país como el producto que la Marca Perú o Inka Kola nos pretende vender. Sin embargo la obra misma necesita relucir desde su estructura, elementos de diseño y actuación primero. Porque cuando la obra termina y la vida, la cual Crimen Impune intenta calcar, continúa. Y la vida ya se cuenta sola.

Imágenes gracias a Salmira Paucar.

Fuentes:

Artaud, Antonin. El Teatro y su Doble. Ediciones Incógnita, 2011.

Portal Congreso de la República: https://comunicaciones.congreso.gob.pe/noticias/amplia-el-reinfo-hasta-el-31-de-diciembre-de-2027-tras-voto-mayoritario/

Ficha técnica:
Obra: Crimen Impune
Dramaturgia: Jorge Bardales
Dirección: Jorge Bardales
Producción General: Bravo Productora Artística
Elenco: Joel Calderón, Daniela Stornaiuolo, Kathy Serrano, Walter Ramirez y Patricio Villavicencio.

Lugar: Nuevo Teatro Julieta - Pasaje Porta 132, Miraflores.
Horario: Martes y Miércoles - 8:00 p.m. del 16 de junio al 1 de julio


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