Fedra: adaptación de Gonzalo Rodríguez Risco y Marcela Cossíos
Texto
crítico a cargo de Rodrigo Bravo Ruiz
Sobre Fedra, dirigida
por Jorge Robinet
“En sus
relaciones la gente sólo muestra siempre, como la luna y los lisiados, una de
sus caras”[1].
Así lo sentenció Arthur Schopenhauer, señalando con ello aquellas dimensiones
de la afectividad que permanecen veladas u ocultas a nuestra mirada y que quizá
un experto en psicoanálisis sea capaz de mostrarnos. O quizá, como sucede en el
caso de Christian y Fedra, sean las propias circunstancias las que nos
desenmascaren de la manera más cruel e infausta.
Fedra no solo es un clásico de la dramaturgia universal: es, ante todo, un relato de la mitología griega que aborda algunas de las problemáticas más complejas del ámbito familiar, como el deseo incestuoso, la pasión desmedida, la culpabilidad y la pérdida del honor. Su presencia en la tradición teatral se remonta a la tragedia griega, desde Sófocles (siglo V a. C.) pasando por Eurípides, autor de Hipólito (siglo V a. C.), hasta las adaptaciones modernas, siendo una de las más relevantes la de Miguel de Unamuno (1918).
En esta peculiar
adaptación nos situamos en la celeridad de la época actual donde las relaciones
humanas, laborales, políticas e informativas parecen competir entre sí por
extraer del tiempo el mayor rédito posible. Fedra, interpretada por una
inspiradísima Alexandra Graña, es una respetada y popular influencer con un
estricto compromiso con la objetividad y la verdad, lo que no solo le confiere
un reputado posicionamiento mediático sino, en especial, cierta tensión
psicológica que hará erosionar su tranquilidad en la medida que vayan
desvelándose algunos sucesos en torno a sus vínculos intrafamiliares.
Saúl y Sofía, su
esposo e hija, conforman, junto a Fedra, aquel próspero hogar cuya apacible
atmósfera se transformará por completo ante la llegada de Christian, hijo de
Saúl y fruto de una relación anterior. Christian es un joven talentoso,
inteligente y ambicioso, formado en Europa y con una sólida proyección en el
mundo de las relaciones diplomáticas. Llega acompañado de Laura, su joven y
bella prometida.
Las cosas sufrirán un giro inesperado luego de establecerse una estrecha
proximidad entre Fedra y Christian, su hijastro. Ambos comparten una historia marcada
por una extraña atracción cuyos orígenes resultan tan ininteligibles como
siniestros. Esta
situación no había escapado a la mirada vigilante de Saúl y fue, precisamente,
lo que lo motivó a alejar a Christian de su entorno geográfico.
El romance
clandestino, la culpabilidad, la desesperación y el deseo irrefrenable surgen
como insumos que han de detonar la estructura completa del hogar, así como el
equilibrio psicológico de los protagonistas. Fedra lleva a cabo un plan que
pretende despojar a Christian de todo compromiso con Laura; para ello, articula una campaña de
desprestigio que destruye por completo la reputación de su hijastro y hace
añicos aquello que constituía su principal virtud periodística: la ética
informativa.
Este aspecto nos
permite elaborar diversas reflexiones en torno a la delgada frontera existente
entre la objetividad más rigurosa y el sesgo afectivo, ideológico o político
que muchas veces desaparece contaminando el mensaje que ha de nutrir -o
desnutrir- la conciencia del público, la cual, dispuesta heréticamente hacia
toda clase de sesgos, termina por reproducir narrativas más comprometidas con la
posverdad que con una lectura equilibrada y coherente de la realidad. Todo ello
nos conduce a preguntarnos por la integridad de los medios de comunicación y
por la sensación de orfandad que surge al descubrir la turbia composición de buena
parte de las plataformas informativas y/o divulgativas.
Hasta este punto es
importante destacar la precisión e intensidad del despliegue actoral, así como
la dirección artística y su acertado manejo de recursos visuales y
fotográficos. Otro elemento a favor es el buen manejo en el control del ritmo de
las acciones, que nos conduce in crescendo desde la frescura y ligereza
de las situaciones cotidianas hasta el sobresalto y la visceralidad de ciertas
escenas de mayor intensidad emocional.
La historia desemboca
en un final dramático con la muerte de Christian, quien, al ver destruidas su
carrera y sus pretensiones diplomáticas, se adentra en un proceso de deterioro
personal, decadencia y aislamiento autoinfligido. Sin embargo, pronto habrán de
asomarse ciertos elementos que dan cuenta de la complejidad relacional de la
historia. Entre ellos,
destaca la fragilidad que puede llegar a caracterizar la estructura afectiva de
una persona que arrastra la herida del abandono o la desatención parental,
independientemente de las investiduras de éxito laboral o de excelencia
académica que porte, todo lo cual ha de desbaratarse como un castillo de naipes
ante la primera crisis.
Christian fue
desterrado por su padre quien, obsesionado por salvaguardar la pureza y
exclusividad de su enlace marital, no reparó en las consecuencias que trajo el
haber arrancado a su hijo de lo que era su continente afectivo: su hogar, su
núcleo familiar.
Aquello también nos
permite reflexionar sobre las complejidades del intercambio vincular. Fedra,
quizás de un modo inconsciente, no pudo evitar nutrir el caldo de cultivo que
originó los episodios de incesto con su hijastro; ni Christian tuvo el soporte
conductual/afectivo necesarios para encauzar sus sentimientos de un modo menos
reactivo. De hecho, Fedra identifica en Christian ciertos mecanismos
proyectivos[2]
cuando lo acusa de no estar genuinamente enamorado de Laura, sino de tratar de
encontrar en ella vestigios de su primera imagen erótica: “me has estado
buscando por todas partes”.
Fedra, de Rodríguez
Risco y Cossíos, nos permite resignificar antiguos arquetipos y símbolos
míticos, susceptibles de actualizarse en el marco de nuestra actual cultura
infocrática[3]
y mediatizada, reconociendo que muchos de los problemas y complejos en torno al
devenir psicológico y relacional de la antigüedad siguen estando absolutamente
vigentes y quizás se encuentren reforzados por la bonanza técnica y cultural de
la cual disponemos y que, en muchos casos, nos es muy difícil orientar del modo
más apropiado. Tal como se cuestionaba Thomas S. Eliot: “¿Dónde está la sabiduría que hemos
perdido en el conocimiento?, ¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido en
la información?”[4].
Ficha artística:
§
Dramaturgia:
Gonzalo Rodríguez Risco y Marcela Cossíos
§
Dirección:
Jorge Robinet
§
Elenco:
Alexandra Graña, José Miguel Argüelles, Gonzalo Molina, Mónica Ross, María
Rubio Arregui
§
Temporada:
del 03 de octubre al 29 de noviembre.
§
Funciones:
jueves, viernes y sábados 8:00 P.M. y domingos 7:00 P.M.
§
Lugar:
Auditorio ICPNA Miraflores - Av. Angamos Oeste 120, Miraflores
[1] Parerga y Paralipómena, 1851.
[2] En
psicoanálisis, se denomina proyección al mecanismo psicodinámico
mediante el cual una persona atribuye a otras sus propios impulsos, deseos o
cualidades que rechaza o no reconoce en sí misma.
[3] Término acuñado por Byung-Chul Han, el
cual hace referencia a una sociedad en la que el tráfico de información
determina los derroteros de la cultura, estableciendo de este modo ciertos
parámetros de dominación.
[4] The Rock, (A pageant play),1934.



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