¡Funado!
Obra original de Gerardo Ruiz Miñán
Texto crítico a cargo de Rodrigo Bravo
Ruiz
Nos situamos frente a ¡Funado!,
escrita y dirigida por Gerardo Ruiz Miñán y protagonizada por Óscar López Arias
y Anahí de Cárdenas. Una propuesta que aborda ciertos aspectos de la
problemática vinculada con la ciudadanía digital, las consecuencias sociales de
la hiperexposición mediática y los mecanismos normativos de desaprobación
política, propios de la era digital.
La normalidad se quiebra cuando reciben
la visita de Valentina, su joven hija residente en Europa, donde presuntamente
estudia y se encuentra elaborando un ambicioso plan de vida.
La trama cobra cierta complejidad cuando
se revela que Juan Carlos sostiene una relación clandestina con Giovanna, socia
menor de la firma, proveniente de una realidad socioeconómica distinta y dueña
de una pujanza y un espíritu emprendedor a prueba de fuego. Los objetivos de
Giovanna se cruzan con los de Juan Carlos, ya que este busca por todos los
medios delegar en su hija sus funciones empresariales y así poder dedicarse con
exclusividad a la escritura. Giovanna, quien, junto con Juan Carlos y en
posición de subordinada ha contribuido al crecimiento de la agencia, reclama el
derecho de hacerse de la autoridad necesaria para asumir su dirección.
En medio de esta situación, Juan Carlos,
asistido por Javier, su joven y eficiente representante, recibe la noticia de
haber sido galardonado por su reciente obra y se dispone a disfrutar de su
momento de gloria. La algarabía no tarda en instalarse, pero pronto empiezan a
surgir ciertas circunstancias que van a turbar las pretensiones de Juan Carlos
de posicionarse como un escritor de éxito.
Es en este contexto donde cobra sentido el nombre de la obra: una serie de acusaciones salta a la luz con el propósito de desprestigiar la imagen del novel escritor. Situaciones que rozan la misoginia y el racismo se aúnan para poner en jaque el incipiente status cultural que aspira a alcanzar el protagonista, quien, convertido en blanco de numerosos ataques cibernéticos, observa el potencial desbaratamiento de su carrera.
Aquello nos conduce a pensar
críticamente en cómo ha ido articulándose la narrativa de la corrección
política. Vivimos un momento histórico en el que las formas de vigilancia
disciplinaria descritas por Foucault[1] han desaparecido, cediéndole el paso a
una sociedad de la hipervigilancia, la cual encuentra en el entorno virtual el
medio apropiado para ejercer un control exhaustivo sobre nuestros hábitos,
ideas y posiciones políticas y, sobre todo, sobre el devenir moral de los
grupos urbanos y culturales. La diferencia estriba en que, en la antigüedad, el
control de las masas era ejercido por los grupos de poder; hoy en día dicho
control podría estar siendo promovido y custodiado por los propios usuarios de
las redes sociales[2].
Sin embargo, debo decir que no es
precisamente la obra, como dispositivo cultural, lo que nos conduce a elaborar
esta reflexión con el rigor y la hondura pertinentes. Antes de ello, quisiera
detenerme en ciertos elementos de la propuesta que permiten observar la manera
en que esta articula recursos propiamente teatrales con códigos provenientes de
otros lenguajes, particularmente del universo televisivo y de las formas
contemporáneas de consumo audiovisual.
Desde el inicio, es notable la
construcción de una atmósfera que establece un diálogo entre la representación
teatral y ciertos procedimientos asociados al streaming, el sketch
y la ficción televisiva. El empleo sostenido de la luz blanca configura un
espacio de amplia visibilidad y exposición de los cuerpos, cercano a
determinadas convenciones de la serie o la telenovela comercial. La escena se
organiza, de este modo, desde una frontalidad visual que privilegia la
observación directa de las acciones y de las relaciones entre los personajes.
Los diálogos recurren con frecuencia al
humor inmediato, al reconocimiento de situaciones cotidianas y a expresiones
provenientes del imaginario social contemporáneo. Esta construcción verbal
sitúa buena parte de la acción en un registro próximo a la comedia televisiva y
al intercambio coloquial. A ello se suma el uso de micrófonos incorporados al
rostro de los intérpretes, recurso que modifica la relación tradicional entre
cuerpo, voz y espacio escénico: la amplificación permite una emisión cercana al
habla cotidiana y desplaza parte del trabajo vocal hacia una mediación
tecnológica. La voz, el silencio y las variaciones de intensidad quedan así
inscritos dentro de una configuración sonora distinta de aquella basada
exclusivamente en la proyección vocal del actor.
Esta relación entre lenguajes puede
entenderse también desde una perspectiva interdisciplinar. La propuesta
incorpora procedimientos del teatro, la televisión y las formas audiovisuales
contemporáneas para construir una representación reconocible de determinados
sectores urbanos y de sus modos de comunicación. En este sentido, aquello que
podría percibirse como televisivo no aparece necesariamente como un elemento
exterior a la escena, sino como parte del universo cultural que la propia obra
representa: personajes atravesados por las redes sociales, la exposición
pública, los medios y las lógicas de circulación de la imagen.
Dentro de esta estructura, aparecen
asimismo intervenciones que desplazan momentáneamente la acción hacia asuntos
vinculados con la intolerancia, la indolencia, los conflictos en torno a la
identidad sexual y la tensión entre determinadas normas sociales y las
experiencias particulares de los sujetos. Varios de estos elementos adquieren
especial presencia a través de los personajes secundarios y amplían el campo
temático abierto por el conflicto principal.
¡Funado! configura así un espacio donde el
entretenimiento, la comicidad y la actuación dialogan con formas provenientes
de la cultura televisiva y digital, al mismo tiempo que sitúa en escena algunas
de las tensiones sociales producidas por la hiperexposición, la vigilancia
colectiva y las nuevas formas de sanción pública.
Ficha artística
Dirección y dramaturgia: Gerardo Ruiz Miñán.
Actores en escena: Óscar López Arias, Anahí de Cárdenas,
Miguel Álvarez, Jackie Vásquez, Elisa Costa, Guadalupe Farfán.
Producción: Gerardo Ruiz Miñán y Jackie Vásquez.
[1] En su libro Vigilar y castigar:
nacimiento de la prisión (1965), Michel Foucault introduce la idea del
panóptico como dispositivo de control, instalado en el ámbito de la
arquitectura como medio de vigilancia y dominación.
[2] Byung-Chul Han elabora esta tesis en
su libro La sociedad de la transparencia (2012) y en otros escritos,
introduciendo conceptos como hiperconectividad y cansancio informativo.

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