Haceres Históricos
Acerca de Los Engaños de Escapin / Escrita por Molière y dirigida por Omar
Velásquez
Texto crítico a cargo de Eduardo Jara
En el colegio
tuve el privilegio, en el sentido más social de la palabra, de llevar el curso
de teatro. En 4to de secundaria nos enseñaron sobre las tradiciones teatrales
europeas, entre ellas la commedia dell’arte. Desde ese entonces quedé encantado
por el ritmo cómico, el contrapunto, la comedia física y demás características
de la tradición italiana. Tiempo después, luego de dos años de investigación
teórico-práctica, escribí mi tésis sobre dos directores de commedia dell’arte
contemporáneos. Conforme fui creciendo también fue madurando mi percepción
idealizada de la commedia. Las primeras preguntas que tuve fueron sobre la
‘pureza’ de la tradición o las ‘ideas’ detrás de las puestas en escena. Hoy en
día me he llegado a cuestionar la necesidad de siquiera hacer commedia
dell’arte en sí. No me cuestiono con ánimos destructivos; hasta ahora disfruto
de ver commedia en todas sus variables contemporáneas. Más bien me cuestiono
con el genuino escepticismo de alguien que recuerda cuando le cuentan historias
parecidas año tras año. El argumento principal de quienes llevan a escena a
Molière, Goldoni, Calderón de la Barca, entre otros íconos en pan de oro
renacentista, suele ser el del paralelismo histórico. La idea de que aquello
que sucedió hace quinientos años hace eco en la actualidad. Por tanto, el
montar clásicos será siempre relevante. ¿Es tan así? ¿Qué relación tenemos con
ese pasado? Aprovechemos el muy agradable montaje de Los Engaños de Escapín
de Omar Velásquez para reflexionar al respecto.
La obra sigue la
estructura clásica de la commedia dell’arte: dos viejos cabeza de familia
quieren casar a sus hijos por interés comercial. Los hijos quieren casarse por
amor y deberán enfrentarse a las órdenes de sus padres. Los criados de la
familia ayudan a los hijos desesperados a resolver su dilema amoroso por medio
de engaños que resultan en enredos cómicos y malos entendidos. Al final los
criados logran su cometido, se resuelven todos los enredos planteados durante
el nudo argumental y, generalmente, la obra concluye con una boda o
celebración. Autores como Goldoni o Molière tomaron la estructura y personajes
clásicos de las compañías de commedia dell’arte del siglo XVI y le escribieron
diálogo. Es decir, tomaron el molde de la commedia como base y escribieron
alrededor de los temas más comúnmente tratados en esa época. Cabe destacar que
si bien Molière en sí no hizo commedia dell’arte, sí se basó lo suficiente en
ella para que podamos hacer paralelismos entre los personajes. El molde de la
época produjo una forma muy clara y reconocible. En Los Engaños de Escapin,
los dos viejos son Clorinda y Geronte, las dos parejas de jóvenes enamorados
son Jacinta, Zerbinetta, Octavio y Leandro y los criados Silvestre y Escapín.
Molière sitúa a Escapín en el centro de los enredos argumentales y lo dota de
una gran astucia para resolver en favor de los jóvenes enamorados, generalmente
a costa de los viejos.
Para las
primeras funciones Omar Velásquez priorizó que la obra tuviera el ritmo cómico
que se desprende del texto de Molière. Tuvo que abreviar la obra a una duración
razonable además de reducir la naturaleza de interpretación física de los
personajes arquetípicos. Sin embargo, todos los demás rasgos de una comedia del
siglo XVI se buscaron replicar. Entre estos rasgos destacan la base del
maquillaje blanco, el lenguaje de época y los divertidos intervalos musicales.
A todas luces, Los Engaños de Escapín de Velásquez se sitúa entre las
propuestas que buscan representar una pieza europea de época y divertir al
público con relaciones entre personajes que han funcionado durante cientos de
años. Muchas de las dinámicas de comedia que hoy en día nos resultan habituales
fueron profesionalizadas durante la época del renacimiento. Los dilemas entre
jefes y trabajadores, las fricciones entre jóvenes idealistas y padres
aleccionadores o la gracia de ver a un amarrete ser molido a palos resultan
graciosas muchos siglos después y en medios muy distintos al teatro.
Nuevamente, el molde bien aplicado nos da la misma forma.
Aún cuando
cuatro décadas separan las comedias de Molière de la actualidad, ¿se pueden
encontrar paralelos históricos? Por supuesto. No será la primera vez que hijos
y padres tengan desacuerdos ni que el ser humano deba mentir para sobrevivir.
Sin embargo, la siguiente pregunta impera: ¿cuánto del paralelo está
relacionado a los valores de la época de la obra y cuánto relacionado a una
realidad que resulte significativa para el público? Es decir, ¿será que los
pesares del napolitano del siglo XVI y XVII nos signifiquen mucho en la Lima
del 2026? ¿De qué nos vale contar historias sobre gitanos errantes, turcos
secuestradores y matrimonios entre familias adineradas? Evidentemente podemos
trazar similitudes con equivalentes modernos. Pero, ¿no será que primero
estamos buscando aspectos de nuestra actualidad que se asemejan a los textos
clásicos para luego ensalzar dichos paralelismos? ¿No será que estos clásicos
siempre nos “dicen” algo porque nos hemos acostumbrado a mirarlos a menudo y al
dedillo? Como en la caverna de Platón, quizás todavía somos los prisioneros que
miramos las sombras de los clásicos mucho tiempo y nos convencimos de sus
cualidades “universales” e “inagotables”. Y sí. Entiendo la ironía de citar a
un ícono de la filosofía europea para ilustrar este punto…
Un libro que guió gran parte de mi investigación universitaria fue ‘The Routledge Companion to Commedia dell’arte’. El libro es un compendio de artículos de distintos profesionales de la commedia europea contemporánea. Olly Crick, uno de los dos editores del libro, se convertiría en un buen amigo y guía académico. Olly escribió un artículo titulado ‘The Coming Together’ traducido a grosso modo como ‘la junta’ o ‘la unión’. En el artículo, Olly se ocupaba de los factores que hicieron posible que profesionales de distintas áreas de la performance renacentista se unieran y formaran las primeras compañías profesionales de occidente. Resulta que los bufones de calle de la época y los actores con educación clásica capaces de tocar instrumentos e improvisar pudieron juntarse y hacer un teatro que les permitiera sobrevivir y ‘hacer carrera’. La habilidad de improvisar, argumenta Olly, les permitía a las compañías ir creando una historia que lograra sostener la atención del público y se adaptara a la estructura dramática más reconocible de la época. Estas estructuras, que responden al público de la época, quedaron registradas e influenciaron la cultura teatrera de cuanto país europeo visitaron las compañías. Dada su proximidad geográfica, muchas de las compañías italianas tuvieron mucho éxito en Francia y, eventualmente, deciden migrar y hacer teatro en tierras galas. Los Engaños de Escapin fue concebida en este contexto y no sorprende que haya funcionado en Francia tratándose de valores y rasgos culturales de públicos europeos de épocas muy similares.
Reitero que Molière como
tal no escribió commedia dell’arte. Porque la commedia no se escribe, se hace.
Es un fenómeno cuyas estructuras argumentales quedaron en pergaminos pero, como
siempre es el caso en el teatro, vivió en el hacer. Quizás haya algo en
la commedia dell’arte como fenómeno social que nos apunte hacia una posible
salida de la caverna de paralelismos: el hacer.
Dos grandes
aportes de la commedia dell’arte son la profesionalización de las compañías
teatrales y la integración de la actriz como profesional en las mismas. En el
hacer de la commedia está la integración de gentes de distinto proceder y de
habilidades que se complementaron para sostener una tradición de más de
doscientos años. Las compañías se formaban, iban de gira, celebraban contratos,
ampliaban su repertorio; buscaban sobrevivir. Ahí, más que un paralelo, tenemos
una continuidad histórica. Las compañías de hoy padecen las dificultades de
nuestra época así como los primeros profesionales europeos padecieron las de
aquel entonces. Quizás sea mejor tener en mente los haceres que permiten que
nuestro arte sobreviva antes que seguir en nuestros islotes de grandes
etiquetas. Después de todo, las grandes etiquetas de ‘cultura’, ‘clásico’,
‘teatro intelectual’, ‘teatro comercial’ o incluso ‘commedia dell’arte’ solo
pudieron existir gracias al trabajo de artistas que hicieron mucho en su
tiempo.
Ficha técnica:
Obra: Los Engaños de Escapín
Dramaturgia: Molière
Dirección: Omar Velásquez
Producción General: Butaca Arte y Comunicación y El Empleado del Mes
Elenco: Eduardo Zapata, Mario Velásquez, Angelita Velásquez, Sergio Delgado,
Víctor Acurio, Verónica Infantes, Martín Velásquez, Alexandra Garcés y Juan
Carlos Díaz
Lugar: Auditorio Julio Ramón
Ribeyro - Centro Cultural Ricardo Palma, Av. Larco 770, Miraflores.
Horario: Lunes, Viernes y Sábados - 8:00 p.m. del 04 al 28 de septiembre

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