CTM conversa con el elenco de "Las tres viudas"
Una sabia
elección de Carlos Galiano ha convertido a “Las tres viudas” en un inusitado montaje
que celebrar a viva voz. Grácil, ocurrente y criollísima, esta pieza
costumbrista escrita por Manuel Asencio Segura (1805-1871) en 1841, sacude la
contemporaneidad con un montaje lúdico y musical que rescata la esencia de su
primera versión y la contextualiza a poco del bicentenario de nuestra
Independencia.

Ha sido todo
un desafío y me ha encantado porque propone desafíos. Entre ellos, como actriz he
logrado dominar el verso de “Las tres viudas” y obtener una velocidad que
mantiene el vértigo de la obra sin perder verdad. Alguna vez participé en otra pieza
de Manuel Segura y había trabajado la dramaturgia verso. Yo era más joven y
tenía menos experiencia, pero esta vez lo he disfrutado mucho más.
¿Cómo te sentiste con Doña Martina, un
personaje de matices un tanto patriarcales?
Es un
personaje es muy cómodo aunque te exige físicamente. Por ejemplo, en técnica
vocal para el canto y el aire para las frases largas. En la obra tengo monólogos
de una página entera. Doña Martina es como una vorágine. Cada vez que termino
una escena, salgo y me doy un respiro antes de continuar.
¿Te agradaron las intervenciones musicales?
Las
canciones son un reto para los actores que no son cantantes. Un actor, en general,
debería tener oído y ser entonado para asumir este tipo de montajes. En mi caso,
no podría estar en un musical completo aunque he estado en uno (“Mamma Mia”) porque
es dificultoso entrar bien en las canciones, no desentonar y agarrar el timing.
Antes de salir a escena nosotros pasamos las canciones.
Existe
química dentro y fuera de escena. Jimena Lindo (Doña Clarita), Gisela Ponce de
León (Doña Micaela) y yo somos amigas. Hemos actuado juntas mucho antes y con
Stephanie Orúe (Juanita) hemos formado un “aquelarre”: nos reunimos a contar cosas
de nuestras vidas. El camerino es una de las razones por las que vengo feliz al
teatro. Es como un confesionario que no juzga.
El trabajo del director Carlos Galiano ayudó
bastante…
Carlos (Galiano)
me pasó la voz cuando tenía todo su elenco listo. Fue una sorpresa porque es la
primera vez que trabajo con él. Manuel Segura no me atraía mucho, pero Carlos supo
dar un vuelco terrible a “Las tres viudas”. Él compuso e integró las escenas de
los criados, incluyó canciones y ambientó la época en que transcurre la obra.
Todo eso le
ha dado una vida a la pieza y ha rescatado a Segura de ser un dramaturgo
obsoleto. El trabajo de Galiano es completo e inteligente tanto en dirección
como en música: él tiene una banda de rock. Yo me enamoré de él y he tratado de
seguir todas sus indicaciones al pie de la letra.
“Las tres viudas” es un espejo de nuestra
sociedad o hemos empeorado…
Soy muy pesimista
al respecto. Nuestra sociedad está malograda. Somos pocos los que intentamos
cambiar este paradigma, mientras que la mayoría vive pisoteando al otro como en
el tráfico limeño. Al peruano no le interesa el otro peruano. Estamos peor que
antes, solo que ahora lo velamos porque tenemos que ser políticamente correctos.
Finalmente, la mujer logra cierta libertad en
la obra, pero, ¿es así en la actualidad?
Definitivamente
existe un abismo. Si bien la mujer ha avanzado mucho en el ámbito profesional,
financiero, cultural…, existe una gran mayoría que vive de apariencias y
prejuicios. Hay mujeres que prefieren quedarse con un hombre aunque sea
violento o porque las mantiene. La independencia de la que te hablo pertenece a
una pequeña trinchera. Aún falta que la mujer asuma esa confianza para salir
adelante.
STEPHANIE ORÚE: “Representar a la mujer
andina me arraiga mucho, es mi esencia”
¿Qué rescatas de tu personaje?
“Juanita” es
la criada de la casa de doña Martina. Es una serrana que llega a esta Lima antigua
con el sueño de la capital: ella quiere ser una “limeña” aunque eso signifique olvidar
su esencia andina. Piensa que es el camino hacia la identidad y libertad, pero,
poco a poco, descubrirá que no.
Rescato
mucho representar a la mujer andina, me arraiga mucho porque es mi esencia. “Juanita”
es un personaje valioso no solo para la historia, sino para mí: cada noche
refuerza mi identidad. Me he divertido mucho porque ella observa mucho a la
sociedad de sus tiempos, mientras prepara el terreno para su revelación.
¿Cómo fue la construcción de este personaje?
Para la
primera puesta (fines de 2015 en el Teatro La Plaza) ni Carlos (Galiano) ni yo
sabíamos que Juanita iba a ser serrana. La única indicación era que tuviera dejo.
Fue divertido probarlo y resultó tan gracioso que las primeras veces desconcentraba
al elenco. Para esta reposición, yo volvía de un trabajo en Puno y de ahí encontré
un referente para la “Juanita” que vemos: una más arraigada.
Hay una escena tuya en quechua…
![]() |
Stephanie Orúe |
Durante mi trabajo
en Puno pude aprender un poco de quechua. Le propuse añadir algunas frases a Carlos
(Galiano) en dos momentos de la puesta. Al final se incluyó la escena en la que
reflexiono: “Ustedes son felices con su forma de vida, yo me siento orgullosa
siendo hija de la madre tierra”.
Siendo un texto en verso y del siglo XIX,
¿cuán desafiante fue para ti?
Lo mío fue
básicamente encontrar el dejo en la musicalidad del verso utilizado. Y debía
hacerlo en la naturalidad de las frases cortas y amalgamar eso. No sabes cuán
difíciles resultaban esas frases pequeñas porque no encontraba la colocación adecuada
de algunas consonantes. Finalmente lo conseguí.
Esta versión de “Las tres viudas” existe más protagonismo
de los criados…
Tenemos momentos
que son más nuestros. En el intermedio Antonio (Pierr Padilla) posee una
escena de zapateo que no estaba en el libreto original y muestra la cultura
afroperuana y en el caso de Juanita el quechua debía mostrar el universo
andino. En el proceso de montaje, Galiano fue entresacando algunos detalles.
¿Cómo fue ser parte de este elenco?
La relación ha sido buena con todo el elenco. Con las “viudas” (Gisela Ponce de León, Jimena Lindo
y Sofía Rocha) hemos creado una “alianza”. Cada cierto tiempo buscamos un
espacio para compartir nuestras emociones. El nuestro es un camerino que no
juzga. Con Christian Ysla (Don Pablo Juanelo) he tenido la oportunidad de trabajar
antes y ver su evolución como la mía también.
Ver a Carlos
Tuccio (Don Melitón) amar su trabajo, manejar la energía de sus textos y llegar
a los 85 años viviendo sus personajes es una cátedra invaluable. El guitarrista
José Terry es un maestro: posee una conexión y seguridad con la guitarra, aunque
es muy autocrítico cuando ensayamos. Y Pierr Padilla (Antonio) está estudiando
para ser actor luego de la primera temporada.
La obra aborda la libertad e independencia femenina,
¿hemos avanzado?
Ahora la
mujer está más empoderada y ha tomado las riendas de su vida. Se desarrolla profesionalmente
sin olvidar su rol como madre o pareja, aun cuando la sociedad sigue imponiendo
sus parámetros. Tenemos libertad y nuestra voz tiene un poder que no es total, porque
existen personas que creen en las apariencias antes que en la verdad.
Algo similar
ocurra con esta puesta teatral. Las tres viudas sueñan con ser libres a su modo:
intentan empoderarse en su época. Sin embargo, hay conductas arraigadas como guardar
las apariencias o perpetuar el racismo, discriminación, clasismo que determinan
la forma en que definen o defienden su esencia.
Fotografías: Difusión / Los Productores
Agradecimientos: Gabriela Sánchez
Entrevista: EDER GUARDAMINO
Crítica Teatral Sanmarquina
Crítica Teatral Sanmarquina
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