Amores (Ale)atorios: entre la fantasía de las apps de citas y el trauma del ex

Hasta finales del siglo veinte, el horizonte en temas de pareja era bastante claro. Naces, creces y terminas el colegio. Ingresas a la universidad y/o consigues un trabajo, en el que debes durar al menos treinta años. Conoces a alguien que te gusta. Te enamoras de esa persona, y luego te casas. Todo eso antes de los treinta años. Luego vienen los hijos, y toda una vida para educarlos. Y el ciclo seguía. Y si la mujer trabaja, mucho mejor. Los tiempos han cambiado.

 

En el siglo veintiuno, toda esa cadena se vino abajo. Las relaciones no duran. Los esposos se divorcian. Los hijos viven una semana con papá, y otra con mamá. O por el contrario, hay hombres y mujeres treintones o cuarentones que no tienen hijos, y siguen solteros. La mayoría de ellos quiere probar, experimentar. Conceptos como “salientes”, “poliamor”, “casi algo”, entre otros, están a la orden del día. Todo es pasajero y nada es duradero, como los celulares y los electrodomésticos. El individualismo y el consumismo, tendencias impulsadas por el neoliberalismo en Occidente y sus “satélites”, han generado esos cambios. Mis derechos, mis decisiones. “Viva la libertad” es el grito de guerra exacerbado de estos tiempos.




No se trata de juzgar, sino de comprender. El intelectual polaco Zygmunt Bauman describió todo esto como “amor líquido”. Un famoso libro suyo se llama así. La incertidumbre venció a la seguridad. Y la tecnología es preferible a la dura realidad. Con la aparición de las redes sociales, muchos milenials, centenials y generación Z buscan a sus parejas en aplicativos, llamados también “apps”. Prefieren relacionarse con un amigo imaginario que con uno de carne y hueso. Pero cuando lo tienen enfrente, descubren la dura realidad. Nada es como quieren al ciento por ciento. 

 

Esa realidad es muy bien descrita en Amores (Ale)atorios, obra teatral escrita y dirigida por Chiara Rodríguez Marquina. Bianca (Moca) busca a una chica en una app de citas. Le liga con una y todo transcurre de maravillas. Sin embargo, descubre que su posible nueva pareja se llama Ale. Entonces se despiertan los traumas de su pasado. Una razón principal es que una ex de Bianca se llamaba Ale. En realidad, otros de sus ex también se llamaban Ale, o les decían así. Es allí donde Bianca debe decidir si continúa con el patrón o se aleja de forma definitiva. Y si lo hace con “drama” incluido, como corresponde a los tiempos presentes.

 

Amores (Ale)atorios es una obra teatral corta que no necesita mayor extensión. Y esto es así porque, en pocos minutos, muestra la actualidad de muchas parejas, ya sean heterosexuales, homosexuales, poliamorosas, de cualquier tiempo. La inestabilidad y la búsqueda de la perfección, junto a la inexistencia de cualquier atisbo del pasado, son la clave para Bianca en la búsqueda de un vínculo. Y para Ale, más que la perfección, es el rechazo de cualquier muestra de toxicidad y drama.

 

Maritza Díaz Allca (Ale) interpreta con lucidez a la muchacha tranquila y segura, que detecta las inseguridades de su compañera y sabe cómo lidiar con esa situación. Por su parte, Moca (Bianca) hace muy bien el papel de quien en su afán por no repetir el pasado, parece poner límites demasiado duros para sí misma.



Escrito por Víctor Liza - Crítica Teatral Sanmarquina



FICHA TÉCNICA:

 

“Amores (Ale)atorios”

 

Dramaturgia y dirección: Chiara Rodríguez Marquina

Elenco: Moca y Maritza Díaz Allca.

Lugar: Teatro Barranco. Avenida Grau 701, Barranco

Temporada: todos los miércoles de febrero, 8 pm.

Entradas a la venta en Passline.


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