En el umbral de la ficción: dispositivos rapsódicos
Crítica de Reality Shock, dirigida por Joamoc More
El teatro puede pensarse como representación de la realidad, como una maquinaria que instaura un orden propio regido por sus propias reglas o, acaso, como la intersección entre ficción y realidad. A estas alturas, intentar delimitar el hacer teatral resulta inocuo, ya que sus posibilidades transitan por distintos órdenes: el ficcional, el metafórico o un movimiento articulatorio entre lo real y lo ficticio.
Reality Shock (2025) es una propuesta escénica que, precisamente, se desplaza entre dos órdenes y los articula en un campo liminal. En un primer nivel, se observa un movimiento constante entre actor y personaje. Este pasaje se produce de manera indiscriminada, casi aleatoria. Así, por ejemplo, al personaje se le nombra de pronto Caffo, apellido de uno de los actores; o, tras un beso de pico entre intérpretes, uno de ellos se sustrae del personaje y deja traslucir al actor, quien guarda silencio y establece un juego cómplice con el público. Del mismo modo, ante un error, trabajado o no como parte de la propuesta, se genera un orden distinto al de la ficción: los actores intervienen y accionan sobre ese “error”, siempre bajo la mirada cómplice del espectador. Estas irrupciones de lo real sobre la ficción son constantes; sin embargo, nunca constituyen un tiempo muerto ni un vacío dramático, sino momentos de acciones concretas.
En un segundo nivel, los actuantes no se limitan a accionar un solo personaje ni a operar exclusivamente en el plano de la realidad como actores, sino que transitan entre múltiples personajes dentro de la ficción: cada intérprete encarna, por lo menos, más de tres. Este ente que se desplaza entre la ficción y la realidad, instalado en un punto límite, plantea una pregunta teórica inevitable: ¿cómo denominarlo? Si el actor pertenece al orden de la realidad cotidiana y el personaje al de la ficción, ¿a qué orden corresponde esta figura intermedia que se instala en el umbral?
Jean-Pierre Sarrazac, retomando la figura del rapsoda de la antigua Grecia, quien transita entre la narración y la representación, entre la ficción y la realidad, propone para el teatro del siglo XXI la noción de sujeto rapsódico:
La rapsodia corresponde al gesto del rapsoda, del «autor-rapsoda» quien, según el sentido etimológico literal —rhaptein significa «coser»—, «cose o ajusta cantos». A través de la figura emblemática del rapsoda, quien se emparenta igualmente con la del «hilvanador de cantos» medieval —reuniendo lo que previamente ha desgarrado y despiezando inmediatamente lo que acaba de unir—, la noción de rapsodia aparece entonces de entrada vinculada al dominio épico: el de los cantos y la narración homéricos, al mismo tiempo que a procedimientos de escritura como el montaje, la hibridación, el remiendo y la coralidad. (Sarrazac, 2013, p. 191)
Una de las características centrales del rapsoda[1] es, precisamente, coser y descoser, hilvanar entre un elemento y otro. En Reality Shock (2025), esa figura que se instala en el campo liminal y articula los distintos personajes puede pensarse bajo el dominio del sujeto rapsódico: un ente monstruoso que no es ni actor ni personaje, sino que se sitúa en el punto límite entre ambos y, desde ese no-lugar, articula a los personajes como un titiritero.
La lógica rapsódica opera también en el plano discursivo. En la obra se producen diversos desplazamientos que permiten identificar, al menos, tres campos discursivos. Primero, el que se establece entre el sujeto rapsódico y el espectador, a quien se transforma en un ente ficticio al asignarle un nombre distinto del que posee en la realidad cotidiana. Segundo, el del programa de televisión, que gira en torno a la argucia del presentador para imponerse a la concursante. Y, finalmente, el de la ficción propiamente dicha: representaciones fragmentarias de la realidad política y social, una mímesis de lo cotidiano donde se abordan temas como el racismo, la crisis política y social.
Estos campos no funcionan como compartimentos aislados, sino que dialogan entre sí y se articulan en un todo vertebrado temáticamente. Aquí, la acción deja de ser el eje articulador y cede su lugar a los temas: el dinero, el chantaje, la política, la crisis social, el racismo.
En suma, la obra se configura como un espacio que articula distintos órdenes y discursos: el actor, el personaje y el sujeto rapsódico; el diálogo entre este último y el espectador; el programa de televisión y las escenas ficcionales fragmentarias. Esta maquinaria escénica nunca opera de manera aislada, sino que se articula constantemente con los demás campos y órdenes. Un todo compuesto por micromundos relativamente autónomos que, a partir de elementos comunes, interactúan y se tensan entre sí.
Ficha técnica
Obra: Reality Shock
Dramaturgia: Carlos Gonzales Villanueva
Dirección: Joamoc More
Producción: Pilar Cornejo Producciones
Elenco: Alexandra Garcés, Emmanuel Caffo, Mehida Monzón, Roni Ramirez, Armando Abanto
Funciones: Del 15 de enero al 1 de febrero
Horario: Lunes a domingo 8:00 p.m.
Lugar: Nuevo Teatro Julieta (Pasaje Porta 132, Miraflores)
Tercera temporada:
Funciones: del 24 al 29 de julio de 2026
Horario: Viernes a miércoles 8:00 p.m.
Lugar: Sala Quilla (Av. Bolognesi 397, Barranco)
Bibliografía:
Ryngaert, J. P. (2013). Nuevos territorios del diálogo. Toma, Ediciones y Producciones Escénicas y Cinematográficas, A. C.
[1] Entiéndase por sujeto rapsódico aquella instancia que se despliega a través de distintos órdenes, ficcional, de la realidad cotidiana y liminal, articulándolos sin fijarse de manera estable en ninguno de ellos.
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