Teatro y extinción: la vitalidad de lo inesperado
(Crítica de Una obra para quienes viven en tiempos de extinción, dirigida por Norma Martínez)
Por Godo Lozano
Cuando una
función teatral se queda sin elenco, se produce la pérdida de un
acontecimiento: una muerte simbólica. No obstante, si tras esa pérdida adviene
una construcción, se instala un campo de producción de experiencia y sentido.
Eso ocurre en Una obra para quienes viven en tiempos de extinción: el
elenco no llega, por diversas razones, y la dramaturgista asume el rol para
construir, junto con el espectador, una experiencia escénica. Su tema es una
serie de extinciones a lo largo de la historia del planeta, hasta el presente,
ya bajo la intervención decisiva de la especie humana. A pesar de esas
extinciones, la vida continúa gracias a nuevas construcciones, como la que la
dramaturgia realiza para sostener la función. Sin embargo, existen pérdidas
irreparables: la extinción de especies animales, plantas, culturas, lenguas.
Tal vez, en esa oscilación, haya más pérdidas que construcciones.
En esta obra,
ficción y realidad, dramaturgista y espectador, se sitúan en un mismo campo de
experiencia. La frontera entre ambas dimensiones se difumina y, desde allí,
emergen acontecimientos. El dispositivo que articula esa interacción se sostiene en el campo imaginario. Mientras expone las etapas de extinción, la dramaturgista utiliza
recursos a su disposición (una planta, humo, un libro, proyecciones) y, sobre
todo, la palabra, para que, junto con el espectador, se construyan espacios
imaginarios de esas pérdidas. Entre ambos se instala así un tercer elemento con
un doble movimiento: por un lado, sostiene la relación; por otro, sustrae al espectador
de la pasividad para convertirlo en un espectador emancipado, en el sentido de
Rancière. A partir de los estímulos que la dramaturgista propone, cada
espectador produce su propio poema, su historia, su discurso.
En términos de
Deleuze, para que un hecho sea considerado acontecimiento debe producir un
doble movimiento: algo irrumpe fuera del orden establecido y genera un nuevo
sentido, que luego se disipa. En una de las interacciones entre la dramaturgista
y los espectadores se advierte este movimiento. Si mal no recuerdo, la
dramaturgista indica que las madres se pongan de pie. Desde la primera fila
comienzan a levantarse varias mujeres; sin embargo, hacia la quinta fila aproximadamente
se levanta también un espectador masculino. Su compañera de butaca le señala la
incoherencia con una leve palmada en el hombro o brazo. Los demás espectadores
advierten la escena y las risas se apoderan del espacio. Finalmente, él vuelve
a sentarse. Ese gesto constituye un acontecimiento: la acción se sitúa fuera
del orden de la consigna y, al mismo tiempo, produce un nuevo sentido que el
público reconoce con la risa. Tales acontecimientos solo son posibles en ese
campo difuminado entre ficción y realidad, donde pueden surgir órdenes
imprevistos. Quizá de eso se trate el teatro: de hechos que lo exceden y le
confieren una vitalidad que intensifica la relación entre espectador y
espectáculo.
La obra, por
tanto, no solo aborda la salvación de una función ni la exposición temática de
la extinción. Además, instala un tercer elemento, el campo imaginario, que
desplaza al espectador de la pasividad hacia la emancipación. En esa
interacción se propicia, asimismo, un campo de acontecimiento. Allí, en el
intersticio entre ficción y realidad, que ya constituye un orden distinto de ambos,
se abre la posibilidad de nuevos sentidos y nuevas configuraciones de
experiencia.
Ficha técnica
Obra: Una obra para quienes viven en
tiempos de extinción
Dramaturgia: Miranda Rose Hall
Dirección:
Norma Martínez
Dirección
adjunta: Lucho Tuesta
Producción:
La Plaza
Elenco: Fiorella
Pennano
Diseño de luces:
Marvin Calle
Musicalización:
Jan Diego Malachowski
Producción
ejecutiva: Allyson Espinoza
Producción
de mantenimiento: Enzo Meloni
Funciones: 15
de febrero hasta el 01 de marzo
Horarios: Martes
a sábados 8pm y domingos 7pm
Lugar: La
Plaza (Cc. Larcomar - Miraflores)

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