Transmutar la pérdida: del barro biográfico al cuerpo poético

(Crítica de Se nace dos veces, dirigida por Mariana de Althaus)

 Por Godo Lozano

Borges decía que “todo lo que nos sucede, incluso nuestras humillaciones, nuestras desgracias, nuestras vergüenzas, todo nos es dado como materia prima, como barro, para que podamos dar forma a nuestro arte”. La diferencia entre sublimar la vida interior en un objeto artístico externo y sublimarla en el propio cuerpo del actor es radical. En el primer caso, una vez realizada, la obra queda separada del artista. En el segundo, al tratarse de un acontecimiento teatral en vivo, la concreción es inmanente: el actor es, simultáneamente, sujeto y objeto.


Se nace dos veces (2025) es una obra testimonial que ofrece, al menos, tres objetos de abordaje: cuerpos transmutados, cuerpos articulados y la producción de nuevas subjetividades.

Jorge Dubatti sostiene que el ente poético deviene del encuentro entre personaje y actor en el acontecimiento teatral; o bien puede devenir de un cuerpo performativo, sin la mediación de un personaje. En una obra testimonial, el lugar del personaje es ocupado por la historia interior del actor; no solo es sujeto y objeto, sino que el objeto escénico está cargado por su propia densidad subjetiva. Por lo general, el actor construye esa densidad a través de ensayos y exploraciones en torno a un personaje. Aquí, en cambio, esa acumulación preexiste: proviene de la experiencia vivida. Los cuerpos y los testimonios son reales; están subjetivados en tanto han sido atravesados por el lenguaje escénico. Es decir, por significantes que producen efectos más allá de su significado. La transmutación consiste, precisamente, en el pasaje del cuerpo cotidiano del actor al cuerpo poético del microcosmos teatral.

Si bien los testimonios son personales, la escenificación construye una arquitectura móvil en la que cada desplazamiento responde a una lógica formal y temática. Esto se advierte cuando otros actores intervienen en la acción del que testimonia, encarnando figuras de su propia historia. Asimismo, los pasajes de un testimonio a otro, lejos de ser aleatorios, se articulan en torno a un eje común: convertir la experiencia, como decía Borges, de humillación, sufrimiento o pérdida en materia artística. Se trata, en última instancia, de pérdidas significativas, entendidas como la caída de una posición previa: ya no se es quien se ha sido antes.

Estos cuerpos, con sus respectivas densidades, al disponerse en el campo escénico, producen nuevas subjetividades. Entiéndase subjetividad como el campo de articulación entre lo biológico y lo simbólico. El proceso implica un doble movimiento: los testimonios compartidos y la experiencia del encuentro con el otro. El eje es la pérdida compartida; existe un elemento común que convoca y organiza. En esa dinámica, la constitución subjetiva del sujeto escénico se forma y se reconfigura en relación con la del otro. De allí deviene una transformación recíproca: al poner en escena sus pérdidas ante quien también lleva las suyas, los actores transmutan esos significantes en obra y devienen en intérpretes de una experiencia que queda inscrita en la memoria del otro. Toda presencia y toda mirada inciden en la configuración del otro.

Se nace dos veces alude así a su propio título: al producir nuevas subjetividades, se vuelve a nacer en relación con el otro. Son cuerpos atravesados por significantes escénicos, articulados entre sí y abiertos a una reconfiguración constante. Convertir afectos, pérdidas, dolor, deseos amorosos y hostiles en arte constituye uno de los gestos más humanizantes y civilizadores de la sociedad. Sin el arte, ¿dónde pondría toda esa energía la especie humana?

 

Ficha técnica

Obra: Se nace dos veces

Dramaturgia y dirección: Mariana de Althaus

Elenco: Rodrigo Ahumada, Lucía Brozovich, Verony Centeno, Vanessa Demichelli, Angelina Ferrero, Rodrigo César Vargas, Jorge Villanueva

Funciones: Del 22 al 31 de enero

Horario: 8:00 p.m.

Lugar: Teatro Racional (Avenida Balta 170, Barranco)

 


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