El lente del A.L.M.A.
Acerca de La Bruma de Atacama / Escrita y dirigida por Telmo Arévalo
La Bruma de Atacama, escrita y dirigida por Telmo
Arévalo cuenta la historia de Ludivine, una joven astrofísica, quien viaja al
desierto de Atacama para instalar un telescopio. Este trabajo, denominado el
proyecto ‘A.L.M.A.’, supone la última y más importante realización profesional
para ella. Esto debido a que la noticia de su viaje se da al mismo tiempo que
es diagnosticada, fatídicamente, de esclerosis lateral amiotrófica (ELA). En
medio de la urgencia por cumplir con su misión antes que la enfermedad
neurodegenerativa le impida trabajar más, conoce a Evaristo, un rescatista que
cuida tanto de sus plantas como de la posada en que se aloja Ludivine. Él ha
perdido a su hermano en el desierto y lo ha buscado durante años.
Consideremos la siguiente
confluencia. Ludivine recuerda con fascinación el día que conoció el mundo más
allá de nuestra atmósfera. Al tiempo que recuerda, Laurent Verité le imaginó
unas luces que evocan estrellas y la acompañan, juguetonas, en su relato.
Andrés Hernández rompe con el aparente silencio del espacio exterior y compone
una pieza en la que el piano y los agudos distantes, en palabras de la joven
protagonista, “explotaban esparciendo sus partículas subatómicas” en el
auditorio universitario. En algún punto del monólogo Myriam Rhziyel ayuda a
Ludivine a entrar en órbita. La actriz se sube a una mesa con ruedas y Evaristo
la hace girar, por momentos, sobre su eje. Es como si el movimiento acompañase
los recuerdos de una niña maravillada por el estallido de un cuerpo celestial
físicamente tan lejano y que, a la vez, se sentía tan cercano para todos
quienes presenciamos esta combinación de elementos en escena.
Ahora enfoquemos nuestra mirada
un poco más de cerca. Cuando observamos algo con detenimiento es necesario
frotar los ojos y hacer caso omiso de los distractores alrededor de aquello en
lo que nos enfocamos. Vemos la acción concreta de Evaristo abriendo un maletín.
Del objeto empieza a brotar un mapa gigante de color marrón. Una gigantografía
de un mapa mostrado instantes atrás. La plastificación del material produce un
sonido que acompaña su movimiento. Acompañan esta acción un instrumento de
cuerda agudo y un violín en arpegios. El hombre es envuelto y cubierto por el
mapa que ahora se mueve hacia un extremo del escenario. Al llegar, Evaristo
saca la cabeza y parte de su cuerpo, observa a su alrededor y vuelve a
sumergirse. El mapa se desliza entre plástico y violín hasta llegar al lado
opuesto. La acción del rescatista se repite y culmina con el mapa colocado
sobre el maletín con una forma similar a la de una duna. Este momento fue
acompañado de una proyección con forma de montañas sobre el horizonte del
escenario.
Por Eduardo Jara - Crítica Teatral Sanmarquina
Ficha técnica
Obra: La Bruma de Atacama
Dramaturgia: Telmo Arévalo
Dirección: Telmo Arévalo
Producción General: La Siniestra Théâtre
Elenco: Lucía Alonso y Telmo Arévalo
Lugar: Teatro UPC - Campus San
Miguel, Av. de la Marina 2810, San Miguel
Horario: Viernes y sábados | 10:30 p.m, del 14 de noviembre al 7 de diciembre
Fotografías gracias a La Siniestra Théâtre


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