Éxodo está presentando en el Teatro Municipal
de Lima Cyrano de Bergerac, del francés Edmond Rostand, con la dirección de
Jean Pierre Gamarra. La pieza estrenada hace más de cien años en París (1897),
retrata una historia de amor en medio de la guerra de los 30 años en el
suroeste francés (1640). ¿Tendrá esta fábula del amor a la poesía algo que
decirle al público limeño del siglo XXI?
La
imagen inicial es la de un soldado con una máscara gigante como cabeza, el
barullo del jirón Ica y el embotellamiento de avenida Abancay van disipándose
mientras el actor mueve sus manos, lenta y acuciosamente. Somos invitados a ser
parte de la acción poética que va a consumarse en el escenario que alguna vez
se incendió. Escuchamos el entusiasmo de un equipo artístico detrás. El apagón
da inicio a la reinvención de Gamarra que como un Cyrano apuesta con vehemencia
y racionalidad por la poesía como vehículo de dignidad y esperemos también de
comunidad.
La trama del Cyrano de Bergerac, el
hombre de nariz exuberante y desagradable que presta su poesía a su colega de
apariencia más galante es un clásico francés y universal. La pieza inicia con
el recurso del teatro dentro del teatro en una atmosfera bélica —que lucha
contra el catolicismo español— con un ensamble de los emblemáticos cadetes de
Gascuña que blanden espadas y versos.
Cyrano está compuesto con coherencia y solvencia por un Alonso Cano
maduro que se divierte en escena, él es el tirano de versos que se presenta
despotricando de otro cómico hasta expulsarlo del espacio sagrado del
escenario. Así se comporta el idealista y orgulloso Bergerac. La simplificación
del texto privilegia el adecuado entendimiento de la historia. La solución es
efectiva y se encuentra con un público que reacciona, ríe una y otra vez ante el
combate de versos y de fuerzas.
La escenografía de Lorenzo Albani es
exuberante y cálida. Las acciones en la escalera y la pieza flotante de Roxane
crearon los momentos más excelsos. La novia interpretada con naturalidad y
frescura por Maria Grazia Gamarra y el pretendiente correspondido —únicamente
en apariencia— presentado por un efusivo Stefano Salvini. Ambos dan buena
contraparte al Bergerac que pareciera repetir a los asistentes que también
ellos necesitan creer en las palabras y en su poder para soportar cualquier
batalla o rechazo. Si bien las máscaras y la hojarasca de los árboles
suspendidos tuvieron una gran carga simbólica en el escenario, por momentos su
función parecía lindar con lo decorativo.
Subamos
por la escalera de la poesía y el arte que elevan el ánimo y el ánima. Que
nuestros oídos sean sordos ante quienes dudan de su poder; esta llama parece
querer encender en la audiencia una confianza en la cultura que trasciende
fronteras y dan sentido a nuestras existencias colectivas e individuales.
Las adaptaciones de Bergerac suelen centrarse
en el amor, sin embargo la trama está ubicada en el siglo XVII donde se puede entrever un
ambiente particular en donde los poetas y su comunidad se relacionan con la imprenta
que ha dado a luz una cantidad inconmensurable de libros. Estos no existen para
insuflar una vanidad vacía; aunque a veces sirvan para empaquetar pasteles. Es
esa supuesta contradicción entre lo práctico y lo sublime que mantiene viva la
versión de Gamarra del texto de Rostand. Cyrano es un orgulloso porque cultiva
su interior, busca vencer sus temores y complejos respecto a su aspecto físico
a través del sincero amor por las letras que lo componen y le dan valor.

¿Existen
Bergeracs peruanos? ¿Tal vez el poeta de la Ciudad y los Perros de
Mario Vargas Llosa? O uno de carne y hueso: ¿el poeta revolucionario Javier
Heraud? ¿A quiénes escuchamos para subir los ánimos? ¿Importa la nacionalidad de Sócrates o Federico
García Lorca? La vehemencia del Cyrano de Gamarra parecía vociferar:
No
sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la
calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco
desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones
económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los
pueblos piden a gritos. (Locución de Federico García
Lorca al Pueblo de Fuente de Vaqueros, Granada, 1931).
La relación entre la guerra y la poesía es
crucial en la tragicomedia de Desmond, y en la propuesta de Éxodo aquello puede
respirarse. Los versos quedan en el aire. Los cuerpos en coreográfico
enfrentamiento van a aquel umbral desconocido de la existencia humana. El
ensamble se luce desde el inicio, sin embargo, su presencia menguó en medio de
la batalla campal del cuarto acto. La última entrada de Roxanne perdió fuerza y
fue difícil escuchar su voz en la escena donde ha cruzado el frente enemigo
para reunirse con su amado. El estruendo
de las bombas, los cañones y la presencia de los cadetes podrían intensificar
incluso más la necesidad de la poesía, la vitalidad del romance y el absurdo de
la guerra.
Cyrano es fiel a sus principios, no teme
crearse enemigos, tampoco teme compartir su poesía; ideales más excelsos
parecieran regir su vida. Qué más da si Molière le roba una escena; acaso el
arte no es algo más excelso que la persona individual (tal vez los verdaderos
genios o talentos son los que comprenden que son parte de una comunidad y es la
moira quien rige el día de su muerte). En el día del estreno el director
dio unas palabras finales donde nombró a cada integrante del equipo técnico, de
producción y artístico. Narró los desencuentros que en algún momento tuvieron
para que una empresa artística e independiente llegará a su cuarto año —como lo
ha hecho Éxodo—. Aquello parece ser una prueba fiel y contundente de que el
amor —por el arte, las letras y las tablas— mueve montañas.
Ojalá el espíritu de Bergerac contagie a
los ciudadanos limeños y a sus autoridades. Necesitamos de la poesía para
contar nuestras historias. Así como para subir los ánimos cuando el hambre, las
extorsiones o las batallas cotidianas se presentan. Recordemos que Esquilo, el primer dramaturgo
occidental fue también un soldado en la batalla de Maratón y prefirió que en su
epitafio se lo recordará por su actuación en el campo de batalla. Corriendo de
un paradero a otro en la avenida Tacna, me esfuerzo por encontrar la última
palabra que profiere el Cyrano en las calles de Lima. Todavía no la encuentro
en el exterior, gracias a la apuesta de Éxodo, sí resuena en mi interior.
Vérlue
la nieta
peruana
de
Molière
Ficha
técnica
Obra: Cyrano
de Bergerac
Dramaturgia: Edmond Rostand
Dirección: Jean Pierre Gamarra
Escenografía: Lorenzo Albani
Producción: ÉXODO TEATRO, en coproducción con
la MUNICIPALIDAD METROPOLITANA DE LIMA
Elenco:
Alonso Cano, Maria Grazia Gamarra, Stefano Salvini, Oscar Yepez, Amaranta Kun,
Martín Aliaga, Alejandro Tagle.
Ensamble:
Paola Ames, Alexandra Garcés, Luis Jesus, Kazú Lavado, Diana Moscoso, Hanks
Sarmiento, Jose Soto, Jesús Suica, Katia Uriol
Funciones: 05 al 29 de marzo, 2026
Horario: Jueves, viernes y sábados 8pm. /
Domingos 7pm.
Lugar: Teatro Municipal de Lima (Jr. Ica 377,
Lima Centro)
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